viernes, 29 de enero de 2010

La mascota de mi padre

“Pobre gallo bataraz,
nunca te echaré al olvido,
pimento ni maiz molido,
no te ha de faltar jamás
porque soy agradecido,
pobre gallo bataraz.”

Siempre pensé que mi viejo era un típico habitante de Le Horkr, lo era, nació aquí y pensara morirse aquí. Es una persona poca comunicativa, es raro verle emociones detrás de sus ojos celestes.

Desde que tenia conocimiento el tenia una mascota, tan rara, tan lehorkrrense como lo era. Tenia un “gallo yon”, un gallo pequeño y multicolor, por mas que busque en las enciclopedias de la avicultura nunca lo encontré.

Este endemoniado animal, era tan osco como mi padre, salvo que era peleador. Según mi madre cuando se casó, el “gallo yon” venia con él, le calculaba mas de 15 años (yo pensé que los gallos no vivían mas de 5 años) y siempre fue su fiel compañero.

Era el dueño del patio, siempre estaba detrás de uno para ver que hacia y si mi padre estaba cerca se nos enfrentaba con gallardía. Mi perro Bobby huía despavorido cuando se acercaba, mi gata Yany desaparecía cuando venia. Era el terror del patio, no fueron pocas veces que me picoteaba a mi hermano y a mí.

Un buen día de otoño mi padre consiguió de un árbol unas ramas que servirían para hacernos nuestra primer honda, como cualquier lehorkrrense debía matar indiscriminadamente cualquier cosa que vuele por el cielo. Consiguió el elástico en la bicicleteria del pueblo (lugar raro de vender), con un pedazo de cuero y un poco de alambre de fardo armo nuestra primera honda.

Dispuso mi padre sobre un viejo balde viejo de estaño una lata vacía de durazno y viendo que mi hermano no pegaba una, y que yo le tiraba a fantasmas imaginarios, nos quito la honda diciendo: ¡Así se hace!

La mala suerte fue que el molesto “gallo yon” venia con su hidalguía pedante a ver que hacían en su patio sin su conocimiento, asomo la cabeza por detrás del tacho color plata.

El ahogo de mi padre fue tal que pensé que le había hecho un paro cardiaco, la carrera hacia el lugar del infortunio solo duro segundos.

Y ahí estaba el “gallo yon”, con sus alas desplegadas para la lucha, unas de sus patas listo para la pelea, tirado en el pasto y sus ojos en blanco. Fue un certero tiro para el bautismo de fuego para nuestra honda.

Mi viejo después de enterrar a su mascota en el fondo hizo un silencioso luto por varios días, amen de que mucho no habla, como cualquier lehorkrrense.

lunes, 25 de enero de 2010

El desayuno de Matilde


Otra mañana fresca, siempre es fresco a la 6 de la mañana, sea verano o invierno, es una costumbre que se le hizo de tantos años levantandose a acompañar a su marido Oscar. Pero ya hace tiempo que era viuda, pero la costumbre quedo pegada.

Siempre hay cosas para hacer siempre, preparar el mate, regar las plantas, escuchar la radio y saber que numero salio en la lotería provincial, nunca juega, pero le gusta saberlo.

El silencio de la ciudad es tal que los pajaros llegan a ensordecer cuando sale el sol, la soledad hace ver las cosas de forma diferente, hacia ya diez años que Oscar murió, quedo sola en una casa grande, sus cuatros hijos ya estaban casados.

Tres vivían en Le Horkr y uno en Buenos Aires. Tenia 8 nietos, de 4 años a 19 años, la visitan poco, entre la escuela, novios y el club la visitaban poco. Solo se juntaban todos para su cumpleaños o para navidad, pero a lo largo del año solo un esporádica visita, nada mas.

Cobraba una pensión, no de la mas baja, tampoco las de las mas alta, pero con el arrendamiento del campo le alcanza para pagar los impuestos, comer todos los días bien y un gusto mas que otro. Es feliz con lo que tiene, pero ha veces no lo es.

A dos casas del caserón de Matilde, vive Eloisa, otra viuda. También se enviudó en la misma época que ella, tiene la misma cantidad de hijos, pero tiene mas nietos. Tiene una casa casi igual, tiene un campo un poco mas grande, pero además tiene dos casas que cobra el alquiler. Es decir tiene mas plata. Le da ganas de matarla cuando pijotea las apuestas de las partidas de canastas que hacen todas las vecinas de la cuadra los jueves, es incapaz de jugar mas de dos pesos. ¡Es una vieja pijotera!.

Todos los días Matilde se prepara el mate y se sienta a ver por la ventana de la calle, cortina por medio, a eso de las ocho a diez. No anda nadie, salvo los chicos que van a la escuela (pero a las ocho y cuarto no pasa mas nadie) y algún que otra camioneta que van al taller del fondo de la calle, después silencio, solo pajaros.

Y mira de reojo al caserón amarillo de Eloisa, hace dos años que no lo pinta, vieja pijotera, ¡le sobra la plata!

No pasaba nada, de nada. Pero de la nada apareció una sombra en el caserón amarillo, pero si no la había visto pasar!. No paso por delante y de la otra esquina tampoco venia, solo me se había cebado un mate y ¡de pronto esta ahí!. Corre un poco la cortina y ve a un sujeto vestido de negro, con un gorro, no se le ve la cara, pero le parece conocida la campera. Mira un poco mas y se lleva las manos a la boca, tenia puesto un pasa-montañas.

Observa que toco el timbre y espera. Hasta que Eloisa abre la puerta y el sujeto saca un arma entrando de una patada al caserón amarillo.

El estupor que Matilde tuvo fue algo que nunca había visto. Esas cosas pasan en Buenos Aires, acá no puede pasar. No sabia que hacer, de cierto modo se puso contenta que a ella no le paso, pero... . Pensó que hacer, dio vueltas y miro por la ventana, el sujeto seguía adentro o bien salio como llego. Había escuchado en la radio que ahora existía el 911 en la zona, pero Matilde no quería llamar. Dudo, pero termino llamando.

Espero pacientemente que la atendieran y solo pregunto si el llamado era anónimo, lo que la chica del otro lado le contesto que si (fue dudosa la respuesta), entonces contó lo sucedido.

No llego a mas de diez minutos y las dos patrullas del pueblo estaban en la casa. Tocaron timbre y nadie contesto. Matilde vio como hablaban por la ventana los policías y retrocedían con las armas en la mano.

Aquí la cuestión se convirtió en algo muy de película, se fueron acercando los vecino, entre ellos Matilde, los policías hablando con el ladrón a los gritos, el ladrón contestando a los gritos. Al parecer Eloisa estaba bien, pero el hombre de negro no se quiere entregar.

Pasaban los minutos, pasaban las horas y este personaje no se entregaba. Parecía que sabia lo que hacia, todos comentaban que seguro es un porteño, como alguien del pueblo puede hacer algo así con una persona tan respetable como Eloisa le van a hacer eso. Llegaron sus hijos y ya quería entrar para agarrar al malviviente a las trompadas, después de una trifulca con la policía se calmo.

Llego el mediodía aplastante, todos debían ir a comer y a dormirse su siesta. Ahí la policía empezó a inquietarse, pero para asombro de todos, el ladrón quiso entregarse, tal vez el hambre no lo dejo seguir con esta historieta.

Salio Eloisa y después el malviviente. Que no era otro mas que ¡Norberto!, ¡el vecino de enfrente!. El mismo que cada mes pasa por la casa de Matilde a cortarle el pasto. Justo hace unos días vino a hacer su trabajo y le pidió $20 en vez de $15 como hasta ahora, había subido la garrafa de gas y el no tenia gas natural todavía. Vivía de changa en changa, era soltero y le gustaba bastante el vino. Seguro que Eloisa no quiso pagarle de mas, vieja pijotera.

Se lo llevaron en el patrullero ante el estupor de los vecinos, todos se rodearon alrededor de Eloisa a preguntarle preguntas mas que obvias. Ya cuando todos se estaban volviendo para ir a comer, Matilde se despidió de Eloisa con las siguientes palabras "...¿y ahora quien nos a cortar el pasto? ...¡gringo pelotudo!".

Motivos

Una persona no reniega de su pasado u origen, pero el tiempo nos aleja y a veces nos acerca. Este blog mostrara historias de un pueblo perdido en los mares verdes de la Argentina, pueblo sin puerto, pueblo con una historia corta, pueblo de días largos, pueblo de siestas largas, pueblo de pocas personas y a su vez muchas. Serán relatos sacados de la vida real, que pasaron y pasan día a día que se mostraran de un modo particular. No busco ofender a nadie, solo busco la forma de registrarlo y que todo el mundo conozca la extraña vida en Le Horkr...